lunes, 10 de noviembre de 2014

VISITANDO EL PALACIO DUCAL DE GANDÍA, y tomando algunas notas sobre el IV Duque; San Francisco de Borja



Hace tan sólo unos días, tuve el enorme placer de conocer la ciudad de Gandía, y en ésta además de admirar sus playas, o su buen hacer urbanístico.

  
  
 
 

Pude visitar el Palacio Ducal, ese Palacio donde a lo largo de los siglos vivieron los Duques de Gandía, siendo la familia Borja la más destacada en este título nobiliario.

 
 

Tres han sido los nombres que por su relevancia han pasado a la historia con más fuerza que los demás, estos son Alfons de Borja, (Papa Calixto III), Rodrigo de Borja (Papa Alejandro VI), y Francisco de Borja, al cual lo canonizaron e hicieron Santo en 1671, bajo el Papado de Clemente X. 

Calixto III
Alejandro VI

Y es en relación a éste último personaje, sobre el que quiero contar algunas cuestiones:
Desde siempre había visto la iconografía de San Francisco de Borja sosteniendo una calavera, incluso en alguna pintura había visto esta calavera con corona Real:
Iconografía San Francisco de Borja
Tras visitar el Palacio Ducal supe cuál es la razón de esta representación, ya que además el pasaje ocurrido, resultó ser el punto de inflexión en la vida del Borja, el cual decidió abandonar los lujos de su condición social, para convertirse en sacerdote Jesuita.

 
                                                                       Interiores del Palacio Ducal

Francisco de Borja formaba parte de la Corte española al servicio del Emperador Calor I de España y V de Alemania, hijo de Felipe el Hermoso y de Juana la Loca, y por ende nieto de los Reyes Católicos.

Emperador Carlos V
Una de sus funciones fue la del cuidado y protección de la Emperatriz Isabel de Portugal, esposa de  Emperador Carlos; ya que éste por ser la máxima autoridad de vastos territorios, estaba mucho tiempo fuera de la Corte.
Emperatriz Isabel de Portugal
Las crónicas cuentan de la virtualidad de la Emperatriz Isabel, donde la bondad y la belleza parece ser que discutían a ver cuál era más abundante en su persona.
Así no es de extrañar que en el de Gandía surgiera un querer y fervor especial hacia la Emperatriz, hablando algunos historiadores de la existencia de un amor platónico hacia la reina por parte de Francisco de Borja.
La cuestión es que en abril del  año 1539, la Emperatriz tiene un alumbramiento, en que da a luz a un niño muerto, el malogrado parto, le provoca grandes derrames que pocos días después acaba con su propia vida, a la edad de treinta y seis años…; fallece en el Palacio de Fuensalida de Toledo, y el Emperador manda que sea enterrada en el panteón Real de Granada; así pues se prepara un cortejo fúnebre que transporte los restos mortales de la bella Emperatriz desde Toledo hasta la ciudad de la Alhambra, y para coordinar tal empresa, Carlos I designa al desolado Francisco de Borja.
La marcha fúnebre duró más de dos semanas, por tierras de la Mancha y Andalucía en mitad de una descomunal calurosa primavera.

 

 Al llegar a Granada y justo antes de entregar el féretro a los monjes que debían sepultarlo, para dar fe del hecho de la entrega del cuerpo de la Emperatriz, se mandó abrir el ataúd…; el calor y los días de marcha en el traslado habían conllevado a un veloz avance en la descomposición del cuerpo sin vida de la Emperatriz.

 
 
Esta visión impresionó enormemente a Francisco de Borja, el cual afirmó que: “no puedo jurar que esta sea la Emperatriz, pero si juro que es su cadáver el que aquí ponemos”… instantes después muy apesadumbrado prácticamente calló derrumbado ante uno de sus caballeros.

 
El que después fue Duque de Gandía no puede quitarse de la cabeza la visión de aquellos restos, de la mujer por la que había sentido tanta devoción, entrando en un importante desasosiego espiritual; y pronunciando aquella célebre frase de “nunca más servir a Señor que se me pueda morir”.


Sus pensamientos raudos tras estos sucesos comenzaron a valorar lo espiritual frente a lo material, y pidió al Emperador abandonar la Corte y la vida pública, pero Carlos V, no aceptó su petición, y le encomendó ser Virrey de Cataluña, cargo que desempeñó el de Gandía desde el año 1539 al 1543; siendo en este año y tras la muerte de su padre, cuando además heredó el título del Ducado de la capital de la Safor.


En 1546 fallece su esposa, siendo éste el motivo último que le impulsa a Borja a abandonar los lujos de la nobleza para ingresar en la Compañía de Jesús; pero lo hace en secreto, pues su descendiente en el Ducado todavía es pequeño, y además Ignacio de Loyola le indica que debe de estudiar Teología, haciéndolo en la Universidad que sea acababa de fundar en Gandía.


Así pues el Duque de Gandía ejerce como tal de cara a la galería, pero había ordenado construirse una humilde y sencilla alcoba tras el Salón del Trono, donde dormía y vivía, así como un recóndito oratorio, muy transformado a día de hoy.


En 1550 cede el Ducado de Gandía a su primogénito Carlos de Borja que pasa a ser el quinto Duque de Gandía, y acabados sus estudios de Teología, Francisco de Borja fue ordenado Sacerdote.

 

Una de las funciones como Sacerdote fue la de reconfortar y atender a Juana I de Castilla, conocida popularmente como Juana la Loca, ya que éste había sido recluida en un palacete en la ciudad Castellana de Tordesillas durante más de cuarenta y seis años… pero esta es otra historia de la que algún día comentaremos en el blog.
Juana de Castilla recluída en Tordesillas
Francisco de Borja murió el 30 de septiembre de 1572 en la ciudad de Roma; en 1572 fue Beatificado y en 1671 Canonizado como Santo.
Así pues ya sabéis el porqué de la iconografía del Santo de Gandía…
Si pasáis por la bella Gandía no dejéis de visitar el Palacio Ducal, ya me contaréis. FINEM.


viernes, 7 de noviembre de 2014

¿VOLVERÁ BOABDIL A GRANADA? Algunos apuntes sobre el último Sultán de Granada.

Entrega de Granada 2 de enero 1492

Allá por el siglo XVIII, un sacerdote granadino de apellido Echevarría, escribe un libro, cuya mayor finalidad era la de desprestigiar la figura del último emir de Granada, Boabdil conocido popularmente como el Rey chico. 

 

Así pues el Padre Echevarria en su obra “Los Paseos de Granada”, es el primero en relatar ese pasaje en el que se cuenta que Boabdil, tras firmar su rendición y hacer entrega de las llaves de la ciudad de Granada a los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492, camino de su exilio a las alpujarras, al subir un altozano giró la cabeza para mirar por última vez la ciudad de Granada, coronada por las torres bermejas, la alcazaba y el majestuoso palacio de la Alhambra…; desde entonces a ese pequeño promontorio por el que hoy transcurre la autovía que va desde Granada a Motril, se le denomina “el suspiro del moro”…; dice también la historia que cuando Boabdil se giró, bajó de su caballo y lleno de amargura, hincó sus rodillas al suelo, y ante su familiares y séquito lloró desconsoladamente.

Cuadro sobre la leyenda del exilio de Boabdil titulado El suspiro del moro pintado por Pradilla (1892)



Su madre, la ambiciosa Aixa le espetó: “llora como mujer lo que no supiste defender como hombre…”.
Los historiadores en general no consideran real tal pasaje; pero por lo creíble ante los hechos acaecidos y la fuerza de la escena, el sentir general de la población lo ha tomado como real, siendo una historia conocida por todos.

 

 

Mucho ha sido lo que se ha debatido sobre la figura de Muhámmad XII que era su verdadero nombre, e incluso tras la conquista y siglos después como se observa en el libro de Echevarría se le tacha de cobarde y traidor hacia su pueblo; pero a mi entender creo que fue todo lo contrario, creo que fue un buen Rey, capaz e inteligente, y cuya mayor preocupación fue la de dejar un buen porvenir para su pueblo.


Unos años antes de la toma de Granada, su tío El Zagal se había empeñado en enfrentarse cuerpo a cuerpo con los Católicos en la ciudad de Málaga, sin importar las consecuencias que eso  pudiese acarrear a la población; así pues tras varios meses de asedio, y la práctica destrucción de la ciudad, el pendón de Castilla ondeó sobre la alcazaba de Gibralfaro en la mañana del 17 de agosto de 1487, teniendo a sus pies una ciudad totalmente devastada y una población sumida en el dolor y la ruina…; instantes antes de entrar los castellanos sobre la mora Málaga, El Zagal y su séquito habían huído…

Azulejos de la conquista de Málaga, Plaza de España de Sevilla.

Que diferente fue la acción de Boabdil que prefirió su exilio y el de su familia, antes de sumir a su pueblo en una guerra, y dejarlo inmerso en llanto y destrucción.

 
Antes de la entrega de Granada Boabdil firmó una serie de capitulaciones; esto es una especie de contrato con los Católicos, donde entre otras cosas los nuevos Reyes de Granada se comprometían a respetar  las leyes, religión y costumbres de los moradores de Granada. 



Boabdil con su familia se instaló en la montañosa comarca de las alpujarras, residiendo en la localidad de Laujar de Andarax (Almería).

Pero al año de haber dejado la Alhambra, su amada esposa y por ende última Sultana de Granada, Morayma  murió súbitamente, siendo enterrada en la localidad de Mondújar en el valle de Lecrín…; los historiadores creen que el lugar exacto de su enterramiento se ubica, junto a la actual nacional 332 y la iglesia de Mondújar.
 
Escultura de Morayma llorando en Loja
Boabdil sumido en la más profunda tristeza, abandona su tierra natal, deja la Península Ibérica y se traslada con su familia hasta Marruecos en concreto a la ciudad de Fez; corría el año 1493.

Boabdil en Fez, vivió como Príncipe huésped del Sultán hasta su muerte en el año 1533, es decir cuarenta años después, y lejos del papel de pusilánime y débil que los historiadores de la reconquista pretendieron dar de Boabdil, parece ser que éste, pese a ser un hombre de letras, luchó y guerreó junto a su anfitrión, hasta el punto, que su muerte le vino en el campo de batalla por recibir un lanzazo junto al corazón…

 
 
 
La cosa es que cuatrocientos ochenta y un años después, el genial cineasta Javier Balaguer, y el diligente forense Francisco de Etxebarria, están haciendo las gestiones pertinentes en el vecino Marruecos, para examinar una tumba y lo que allí se contenga, donde el saber popular ha identificado desde siempre como la última morada del Rey Chico.

Foto del periódico ABC


Acabo este post, con el deseo de que la ardua burocracia y la diplomacia sean ágiles para poder realizar estas investigaciones, y que ojalá los restos del último Sultán de Granada pudiesen ser devueltos y descansar para siempre en los jardines de ese Palacio rojo, entre las grandes montañas de Sierra Nevada y la vega de Granada...
 
Y cerca de su amada Morayma. FINEM

viernes, 24 de octubre de 2014

LA LAGUNA DE TARAVILLA; cuyas aguas no saben guardar secretos...



Río Tajo. Señorío de Molina

Muchos y variados son los atractivos paisajísticos que encierra la comarca del antiguo Señorío de MolinA; siendo a mí parecer los de máxima belleza, todos aquellos parajes que conforman los ríos molineses: el Mesa, el Bullones, el Arandilla, el Cabrillas, el Gallo,  o el Tajo.

Valle río Mesa

Valle río Bullones
 
Río Arandilla
Río Cabrillas

























Valle río Tajo









Valle río Gallo
Pero hay rincones, que por sus características se convierten en más especiales que los demás, uno de estos lugares únicos, es sin dudas la Laguna de Taravilla.

 
Taravilla es una pequeña población de apenas 40 habitantes, situada en un promontorio a 1325msnm.  y asomada a los grandes valles del río Cabrillas y Tajo, siendo sus paisajes y parajes de soberbia belleza.


Y en su término municipal en el margen derecho del río Tajo se encuentra la laguna a la que el pueblo da nombre.

Muchas son las historias y leyendas que se encierran alrededor de esta laguna y sus aguas; y es que el lugar llama a eso, a la magia, a lo enigmático etc…
En tiempos se decía que no tenía fondo, o que la laguna se secaba cada vez que sus aguas tenían que desvelar algún secreto…; y en relación a esto se cuenta que:
Allá por el siglo XVI, y más concretamente el año 1528, un noble a caballo, cruzaba aquellos lares, camino de la ciudad de Cuenca; de repente una gran tormenta de verano, le hizo buscar refugio; pidiendo amparo y resguardo en una desvencijada posada que había perdida en la espesura del bosque.

 
 
El posadero al ver atuendo tan lujoso, quedó henchido de avaricia, pensando en los beneficios que podía sacarle a aquel desvalido rico hombre.
Le dio suculenta cena, junto a la chimenea y le preparó la mejor habitación de la posada.

Pero el carácter avaro del posadero, le hizo pensar que en los saquitos que colgaban del cinturón de los ropajes del noble, seguro habrían joyas y monedas…

 
Así pues cuando la posada quedó en total silencio, y se había cerciorado que el noble dormía, con cuchillo en mano entró sigilosamente en la habitación, y apuñaló al noble huésped hasta arrebatarle la vida…; inspeccionó los equipajes, y de seguida encontró abundantes monedas de oro, que raudo escondió.



Posteriormente soltó el caballo del noble, limpió la habitación y metió el cadáver del desgraciado huésped en un saco de tela; en el mismo saco metió varias piedras y lo arrojó a la laguna de Taravilla, cercana a su vieja posada.



Valle río Gallo y Castillo de Alpetea

El posadero estaba tranquilo, pues sabía que la laguna no tenía fondo, o al menos eso se decía, por lo que su crimen nunca sería descubierto; mientras comía se acordó del cuchillo, un cuchillo en cuya hoja ponía su nombre y apellidos, y que no  había retirado del cadáver, es decir que lo había dejado clavado en el infeliz caballero…; eso le preocupó poco, pues todo estaba bajos las aguas de la laguna sin fondo.

Laguna de Taravilla

A los meses el posadero ya había olvidado su crimen, y su vida había cambiado radicalmente, vestía de lujo, y su casa había sido reformada de arriba abajo, incluso se cuenta que tenía hasta criados…
Una noche las tierras del alto Tajo temblaron, de manera tal que los desprendimientos en los cañones del gran río se contaban por cientos, y el dique rocoso que retenía las aguas de la laguna de Taravilla, se resquebrajó, derramando sus aguas hacia el río Tajo y quedándose la laguna totalmente seca.
 

El suceso alarmó a los pueblos de alrededor, cuyos pobladores curiosos se acercaron a ver la laguna…; allí en el fondo que sí que lo que tenía a tan solo once metros, percivieron que había un saco; al comprobar que había dentro encontraron un cadáver con un cuchillo clavado, en cuya hoja ponía el nombre del asesino.
El posadero temeroso y afligido decidió quitarse la vida, ahorcándose de una viga en las cuadras de su posada…
A los pocos días la tierra se asentó, y de nuevo la laguna se volvió a llenar de agua.
Laguna de Taravilla

Desde entonces se dice que cuando sus aguas esconden un secreto, la laguna se seca súbitamente para mostrarlo al mundo. FINEM