viernes, 8 de mayo de 2015

En busca de unos TILOS centenarios por las rochas del Alto Tajo.



La Pinta era más ligera e iba delante de las otras dos carabelas, eran las 2:00 de la madrugada del 12 de octubre del año 1492; un tal Rodrigo de Triana, apostado en lo más alto de los mástiles de la nave, comienza a gritar y hacer aspavientos…: sus cuerdas vocales dicen “tierra, tierra a la vista”…
Las naves que dirigía el Almirante Cristóbal Colón, bajo el patrocinio de los Reyes Católicos, habían llegado al nuevo mundo, se acaba de descubrir América…
 


Lejos de allí en los más profundo del Reino de Castilla, y dentro de los vastos terrenos que conformaban un antiguo Señorío, asomados a los cañones del río Tajo, cerca del caserío de Peralejos nacían unos ejemplares de tilos.
 
Lo hacían allí por la idoneidad del lugar, sitio húmedo y fresco, resguardado de la incidencia de los rayos solares y casi colgados de  un precipicio de inefable belleza.
 
Hace unos días quinientos años después de aquel avistamiento de tierra allende los mares, mi hermano Javi, mi cuñada Tere y el que escribe, decidimos ir a visitar a estos longevos seres vivos, a estos supervivientes natos, que tantas lecciones de vida dan con solamente contemplar sus portes.

 
Tomando la carretera que parte desde Peralejos de las Truchas (Guadalajara), en paralelo al río Tajo, y en dirección al puente del Martinete, es fácil identificar, en mitad de la ladera de en frente y  bajo las rochas del padre Tajo, los “brazos” aún deshojados de estos grandes seres vivos, o el color verde intenso de las incipientes hojas con forma de corazón, que anuncian una nueva primavera.

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Peralejos de las Truchas.
Así pues dejamos el coche en una explanada junto al puente del Martinete, para comenzar a andar por un sendero que surge a mano izquierda, en la margen izquierda del Tajo.

 
Tras atravesar un frondoso pinar albar, y junto a un pequeño arroyo que aboca sus aguas al Tajo junto al Martinete, comenzamos a subir la ladera de la montaña, entre aliagas en flor, y decenas de caparazones de caracolas.

 
 

 

Los chopos vigilantes del arroyo, cuanto apenas tenían las yemas pintadas, anunciando el brote de su “nuevo vestuario estival”; y es que el campo en esta época del año, y por estos lares es todo un espectáculo.

 

  
 

Por fin alcanzamos las rochas o grandes farallones tan característicos del Alto Tajo que simulando grandes murallas, conforman inexpugnables castillos imaginarios.

 
 
 
Bajo las paredes siempre hay un sendero de los animales, siendo éste el camino ideal a seguir en busca de los grandes tilos.

 
Desde aquí las panorámicas son de impresión, el paisaje abrupto y soberbio, invita a la reflexión, al pensamiento.

 
Hace poco leí un libro editado y creado  por los componentes de la Asociación Micorriza; el título del mismo es: “Guía de árboles y arboledas de la Comarca de Molina de Aragón y Alto Tajo”; libro que sin lugar a dudas recomiendo encarecidamente, y que en su contraportada decía: “Las plantas sobrevivimos sin los humanos. Sois vosotros los que no podéis vivir sin nosotras…” entendiendo aún más si cabe esta frase al contemplar este gran espectáculo digno del jardín de las Hespérides.

Por fin y de repente entre la espesura del bosque llegamos al encuentro de los grandes tilos. 

 
Siendo el segundo de ellos el que más impresión me dio, por su grandeza, robustez, y longevidad manifiesta.

 
 
Allí nos sentamos a descansar y a pensar en la historia del árbol, pensando como os decía al principio que podría datar perfectamente del siglo XV.

 
El lugar donde se encuentra tiene un cáliz especial, era como si la tila (el fruto del tilo), se esparciera en el ambiente, pues todo invitaba a la tranquilidad, a la relajación, a la reflexión.

 
  
Observando las dimensiones del árbol y su lugar de residencia, y con eso de que el lugar invitaba a la reflexión, también pensé en ese proverbio indio que en base a la ambición de ser humano dice que: “cuando hayas matado al último animal, contaminado el último río y talado el último árbol, te darás cuenta que el dinero no se come…”

 
 
Así y tras la satisfacción de haber conocido a estos grandes supervivientes, y con el firme deseo de que el “homo sapiens”, haga honor a eso de ser el animal racional, y sepamos cuidar del planeta, para que sean muchas más las generaciones que puedan disfrutar de los mismos, regresamos bajando la ladera, entre quejigos, jaras y aliagares.

  
 
 Para de nuevo en paralelo al Tajo, y junto a las decenas de fuentes que del gran cañón brotan caminar con plena energía revitalizadora de nuevo hacia la civilización, dejando allí a estos grandes testigos mudos de la historia, con un sin lugar a dudas hasta pronto. FINEM

sábado, 25 de abril de 2015

El ejemplo de Portugal como pueblo con su REVOLUCIÓN DE LOS CLAVELES

Soldados Revolución de los claveles

A lo largo de la historia política del mundo muchos han sido los derrocamientos de gobierno, golpes de estado, o revoluciones que en un momento dado han cambiado los designios de un determinado pueblo.

El problema es que casi todas estas revoluciones han tenido un denominador común, el uso de la violencia, la armas, y la sangre…; de ahí que para mí la revolución acaecida en Portugal en el año 1974, sea un ejemplo de como un pueblo puede sublevarse contra el poder en este caso dictatorial, de forma coordinada con el ejército a través de una revuelta totalmente pacífica; me estoy refiriendo a la denominada Revolución de los Claveles.
Revolución francesa
En 1933, el profesor universitario Antonio de Oliveira Salazar, tras varios años de dictadura militar (desde 1926) accede a la presidencia del gobierno, y conforma lo que se denominó “Estado novo”; un régimen nacionalista que con la ayuda del ejército confiere amplio poder al gobierno, adoptando ideología fascista a la semejanza del italiano Benito Mussolini; las libertades individuales de la ciudadanía se sacrificaron en pro de lo que los salacistas consideraban el interés superior de la nación.
 
Oliveira de Salazar y Franco
El dictador español Francisco Franco, decía de Oliveira Salazar que: El hombre de Estado más completo, el más digno de respeto que he conocido es Salazar. Lo considero una personalidad extraordinaria por su inteligencia, su sentido político, su humanidad... Su único defecto es probablemente la modestia.”…

Oliveira  Salazar y Franco
Oliveira Salazar llevó un control férreo del poder en el país luso, hasta 1968, que tras sufrir un traumatismo craneal por un accidente doméstico, el propio régimen lo sustituyó en el poder, aunque éste enfermo por dicho traumatismo no fue consciente de esta retirada del poder, falleciendo en 1970; para entonces ya le habían suplido en el cargo en la persona de Marcelo Caetano, el cual llevó a cabo  una política continuista con su predecesor; hasta el 25 de abril de 1974 que con la Revolución de los claveles es destituido del poder, y exiliado a Brasil donde vivió el resto de sus días.

Marcelo Caetano
Para entender el espíritu de la Revolución de los claveles, hay que viajar al contexto de la época; Portugal seguía siendo un país con grandes déficits, en materia de renta per cápita, cultura, libertad, infraestructuras, educación, etc… en un  continente europeo en plena efervescencia, siendo Portugal al país más pobre de la Europa occidental; así mismo el gobierno luso estaba inmerso en un muy costosa guerra para mantener las colonias del continente africano, y asiático.

El General Antonio de Spinola se enfrenta al gobierno salacista  aludiendo a que  no debía seguirse la guerra colonial en África, sino buscarse una solución política a ese conflicto, y centrase en sacar a Portugal y a los portugueses de la situación de miseria y desamparo en la que se encontraban.

El Gobierno del régimen no acepta con agrado esta postura y comienza así una importante fractura dentro del ejército.
Así mismo y al contrario de lo que ocurría en España en aquellos momentos, el ejército portugués contaba en sus filas con un nutrido grupo de oficiales de ideología izquierdista, que pronto se pusieron a las órdenes del General Spinola para iniciar el derrocamiento de la dictadura, y devolver la libertad y la democracia al pueblo luso.
Este grupo se denomina “Movimiento de las fuerzas armadas”, reuniéndose secretamente por primera vez en el año 1973; en marzo de 1974 pretenden llevar a cabo un levantamiento que rápido es aplastado por la dictadura, se denominó “levantamiento de las Caldas”.

Ahí comenzó un período de angustia para el movimiento de las fuerzas armadas, pues el ejército se llenó de espías al servicio del régimen salacista.
Los militares revolucionarios entendieron que debían de contar con la población, que ellos solos no podían derrocar a aquel régimen dictatorial, y que debían hacerlo rápido para que ese levantamiento no se convirtiera en una guerra o baño de sangre, siendo ésta la manera en la que empezó a diseñarse la Revolución de los claveles.

Y así el 25 de abril de 1974 a las 00:25 horas se comenzó con la revolución; la clave era la puesta en la emisora de radio “Renascença” de la preciosa  melodía de José Alfonso “Grandola, Vila Morena”; una canción revolucionaria prohibida por el régimen.

 

En ese momento los integrantes del Movimiento de las Fuerzas Armadas, salieron para ocupar todos los puntos estratégicos del país; puertos, aeropuertos, centrales de energía, radios, televisiones, etc… informando raudo a la población de lo que estaba ocurriendo.
El centro de Lisboa estaba plagado de soldados con tanques y fusiles; una camarera Celeste Caeiro, regresaba hacia su casa cargada de flores que había retirado de los adornos de un banquete que se iba a celebrar y que por lo acontecimientos se había suspendido; cuando iba por plaza del “Rossio”, un soldado aterido de frío le pidió un cigarrillo, pero Celeste solamente llevaba claveles rojos,  por lo que le regaló uno; el solado lo tomó encantado y lo puso en la boca del cañón, al poco Celeste repartió todos los claveles y todos los soldados los pusieron en sus fusiles, a modo de símbolo de que no deseaban disparar sus armas, este gesto rápido se extendió por toda la ciudad, siendo el origen del nombre de la Revolución.


Por la tarde el gobierno dictatorial, viendo que el ejército estaba con los sublevados y que el pueblo había salido en masa a apoyar a estos soldados rebeldes entregó el poder al General Spinola, siendo sus primeras órdenes  la de liberar a los presos políticos, y la de entablar conversaciones con las colonias para finalizar la guerra.
El día 26 de abril los miembros del gobierno salacista partían exiliados camino de Brasil.
General Spinola
A los pocos días regresaron los portugueses exilados por razones ideológicas y al año se produjeron elecciones democráticas y constituyentes; consolidándose la democracia y las libertades públicas.

Lisboa
Sin lugar a dudas lo hecho por Portugal aquel 25 de abril de 1974, es un ejemplo de sentido común y de raciocinio que debe ser recordado y estudiado como ejemplo de saber hacer. FINEM.


domingo, 19 de abril de 2015

ENTRE CASTILLOS MORISCOS A ORILLAS DEL RÍO JÚCAR POR TIERRAS VALENCIANAS



El Castillet de Millares

 Dicen que es muy importante conocer nuestra historia para comprender el presente, de ahí que cuando me encuentro con vestigios de tiempos pasados, siempre tal vez de una manera un tanto idealizada, con la imaginación viaje a tiempos pretéritos, donde personas de la misma tierra, peleaban hasta la extenuación por la religión que consideraban la verdadera; también es cierto que en ocasiones se convivía a la perfección con personas de distinto credo, pero por desgracia ésta no era la tónica general.
En otras cosas no, pero en este ese aspecto hay que reconocer que hemos evolucionado para mejor, y la libertad ideológica y de credo ya es un derecho fundamental, recogido en la carta de los Derechos Humanos de Naciones Unidas.
Cortes de Pallás

Una de estas tardes de primavera, hemos estado recorriendo ese gran macizo montañoso en la provincia de Valencia, denominado del Caroche (Caroig en valenciano); para en una de sus vertientes y asomado al gran abismo que suponen los cañones del río Júcar, encontrarnos con los restos de un castillo, de esos que dan semblanza y recuerdo a esos tiempos pretéritos de los que os hablaba al principio.

 
Se trata del denominado “Castillet” de Millares; el nombre de “castillet”, castillito en castellano, tiene más de acepción cariñosa que de valor descriptivo, y es que el mismo yergue altivo y omnipresente sobre las huertas del pueblo de Millares, y así mismo  es un mudo vigilante del río Júcar.
 

Los expertos historiadores no se ponen de acuerdo con la datación en el origen del mismo; pero sus formas y materiales, no dejan lugar a duda de que estamos ante un castillo de origen musulmán, la argamasa de los tapiales,   los encofrados y las huellas de las paredes así lo confirman.

 
Millares

Parece ser que su función en un primer momento  fue la de una pequeña fortaleza que vigilase las riberas del río, los caminos circundantes, las zonas de huerta y la propia aljama de Millares; 

 
con el tiempo el “Castillet”, se convirtió en uno más de las numerosas construcciones de vigilancia y defensiva  que los sarracenos levantaron por la zona; esto fue así porque el río Júcar se convirtió en frontera natural entre reinos de Taifas, para luego serlo ya entrado el siglo XIII de culturas entre cristianos y musulmanes. 

 

El pueblo de Millares, donde se ubica este castillo, junto con otras dos fortalezas de menor tamaño, fue un importante pueblo en época árabe; conquistada por las tropas del Rey Jaime Primero en el año 1563; en un principio se permitió la vivencia de sus moradores con sus creencias y costumbres, siendo años después de su conquista cristiana, una villa netamente musulmana; este hecho provocó que el 22 de septiembre del año 1609; el Arzobispo Ribera decretara su expulsión; pero los millarenses sarracenos no estaban por la labor; así que junto a los pobladores de los pueblos vecinos se refugiaron en la denominada Muela de Cortes, una gran montaña situada en torno a los 900 msnm al norte del macizo del Caroig.


Así en dichas escarpadas montañas de prácticamente nulo acceso se asentaron los moriscos de los pueblos que conforman el valle de Ayora,  así como los de Bicorp, Cortes de Pallás, Dos Aguas, y el ya mencionado Millares.

 
 
 
Las tropas cristianas reaccionaron de inmediato; en un primer momento se intentó la negociación y la rendición pacífica; pero los moradores de estas tierras, eran duros y agrestes como lo es el terreno, y no cejaban en su lucha.

 
Así pues las tropas cristianas, ante la desazón y peligro que suponía el adentrarse en los bosques de la muela de cortes, decidieron aislar a los indómitos árabes; rodeando las salidas posibles en dirección a Valencia o hacia Castilla; esta situación hizo cundir el desánimo en algunos de los sarracenos que empezaron a desertar de su empeño y entregarse al bando cristiano.

 

 

El día 20 de noviembre de ese 1609, las tropas cristianas, con Juan de Córdoba a la cabeza, comenzaron a avanzar hacia la muela, asaltando el castillo de Ruaya con cierta facilidad, momento éste en el que un nutrido grupo de moriscos ante el hecho imposible de su supervivencia, salió de los recovecos con dos palos conformando una cruz, anunciando así su rendición,  y la sumisión a la capitulaciones cristianas.

 
Unos días después, el 16 de diciembre de 1609, el cabecilla  de la rebelión de los moriscos, Vicente Turixi fue ajusticiado por la Santa Inquisición en plaza pública en la ciudad de Valencia.


Pese a ello cuentan los cronistas de la zona, que hasta bien entrado el año 1612 hubo moriscos y bandoleros sarracenos en todas estas montañas.
Posteriormente pese al afán de poblar con familias cristinas provenientes de Aragón, estas tierras permanecieron prácticamente deshabitadas, hasta que en torno al año 1917, los caminos  y senderos prácticamente intransitables, y solamente aptos para mula, comenzaron a convertirse en caminos y carreteritas, para facilitar el paso de obreros y máquinas a los cañones del río Júcar, para aprovechando la velocidad y puntual voracidad de sus aguas, producir electricidad, comenzando así una nueva etapa vital para estas tierras, con la construcción de varias centrales hidroeléctricas; siendo este ya otro tema, del que hablaremos algún día…

Cortes de Pallás
La tarde de primavera ha acabado como tal, con una estupenda tormenta. FINEM.